La caduca pauta integradora de los partidos de izquierda en México

Por Mtro. Jorge Ignacio García Ponce

Las izquierdas en México se encuentran hoy en la circunstancia de decidir su nueva ruta partidaria, al menos en lo que respecta a las agrupaciones del Partido de la Revolución Democrática (PRD) y al nuevo Movimiento de Regeneración Nacional (MORENA), y ante este escenario todos podemos suponer diversas posibilidades para un buen futuro político para las izquierdas, sin embargo, pese a lo que podamos imaginar o soñar, estas nuevas rutas que se abren no se fincan por el momento en aspectos novedosos y sólidos políticamente hablando.

​Pareciera que no nos damos cuenta pero es preocupante o al menos de llamar la atención que estas propuestas partidarias se basan, de nuevo, en el caudillismo, sea el del Ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas o de Andrés Manuel López Obrador. En el contexto del debate por la reforma energética, vemos hoy al PRD agruparse alrededor de la presencia de Cárdenas Solórzano, como la opción para unificar al partido, ya sea a las llamadas corrientes o a los distintos liderazgos del partido. El escenario que observamos nos recuerda tanto los años 1987 a 1989 en que tanto ex priistas como ex socialistas abrazaron al único liderazgo que los unificaba y les daba una opción para alcanzar el poder o rehacerse en una nueva opción partidaria, que entonces se dijo revolucionaria y democrática. Vale la pena preguntarse si en los últimos veinticuatro años el PRD se ha consolidado y desarrollado como una vía real de poder y de participación para la democracia y la transformación del país. En la actualidad el PRD no rebasa el veintitantos por ciento de la representación ciudadana, sólo supera esta marca cuando acompaña las candidaturas de los caudillos, es decir, la gente no vota ampliamente por el partido sino por los liderazgos carismáticos. El partido no existe en muchas zonas y estados del país, han sido evidentes sus prácticas – aisladas o no – de corrupción y burocratismo; sus administraciones en el DF, su principal plaza, donde si bien han impulsado programas sociales importantes, también cuentan con rezagos que no pueden ser negados en transparencia, derechos humanos e impartición de justicia. Y si faltara algo por decir, ya son historia común las prácticas de sus autodenominadas corrientes, verdaderas facciones de vieja política, que en un ejercicio comparativo no son exentas de tipificarlas como reproductoras del estilo más acendrado de autoritarismo priista. Sin embargo, hoy en día, con el Zócalo como escenario, todas las corrientes perredistas se pertrechan alrededor de Cuauhtémoc Cárdenas, como si un solo acto y un solo hombre resarcieran todos los pendientes y deudas con la democracia y la sociedad.

​Ahora, el caso de MORENA no está exento de una crítica, por el momento cuenta con la ventaja de la novedad, en tanto aún no nace no podemos achacarle ninguna impugnación, pero ello es meramente aparente. De hecho si algo podemos apuntar del caso es precisamente su nacimiento, un proceso que ha venido de la mano, como en el PRD en sus comienzos, de un caudillo. Muchos suponen que López Obrador es el líder que necesitamos, digamos que para todo el conjunto de las izquierdas y es posible en un sentido general que no le falte razón a este supuesto, después de todo es el único liderazgo que en su momento pudo convocar movilizaciones hasta de un millón de personas en las calles durante las protestas contra el fraude del 2006, y para el siguiente proceso del 2012, tuvo la capacidad de alcanzar un segundo lugar, muy por el contrario de Cárdenas Solorzano, que en 1994 y el 2000 no repuntó lo logrado en 1988. Sin embargo, la debilidad de Andrés Manuel puede ser la misma de MORENA, es decir, si por algo el tabasqueño fracasó fue por no contar con un partido sólido que cuidara su triunfo en las casillas y aunque MORENA es vista como esa nueva opción, resulta que el caudillo es el único factor de unidad del nuevo partido, por tanto cabe la pregunta si al ser el caudillismo la fuerza gestora del partido éste será un instrumento de victoria de la izquierda y la lucha democrática o sólo del líder carismático, siendo la nueva agrupación un agregado del líder, como lo fue durante un buen tiempo el PRD respecto de Cárdenas. ¿En qué medida MORENA será distinto del PRD? En la medida que se constituya con base en una fuerza, unidad e institucionalidad que no dependan de ningún caudillo. Lo que necesita México y en especial la izquierda son partidos y no caudillos. La democracia se construye desde el espacio íntimo y dinámico del partido, ello necesita a su vez de legalidad absoluta, institucionalidad consolidada, militancia profesional, programa visionario, entrega a las luchas populares y diversidad en las formas y medios de lucha política. Pero si lo único que conforma al nuevo partido es un caudillo y su agenda, pocos alcances tendrá la nueva agrupación y será un proyecto ineficaz para el pueblo y el país.

​No se trata de desdeñar los aportes que tanto Cuauhtémoc Cárdenas como López Obrador han dado a la lucha por la democracia y de las izquierdas, pero el futuro de éstas depende también de reconocer los límites de la política caudillista y asumir las tareas de una más compleja construcción partidaria y el papel de esto en la derrota definitiva del autoritarismo y para fincar el desarrollo incluyente y el Estado social de derecho que las grandes mayorías necesitamos en México.

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