Que la verdad sea el camino

De: http://www.pagina12.com.ar
que la VERDAD sea el camino……sera el momento???

Los cristianos laicos que empezaron la polémica respondieron a la Iglesia. Consideran que la posición oficial de la curia es ambigua.
La polémica por el papel de la Iglesia durante la última dictadura militar continúa. Primero fue un documento de la Conferencia Episcopal Argentina (CEA), donde la cúpula de la curia reiteró su pedido de perdón por el rol de “algunos de sus integrantes” y se propuso “un estudio más completo de los acontecimientos” de esos años. La carta de los obispos, titulada “Carta al pueblo de Dios: la fe en Jesucristo nos mueve a la verdad, la justicia y la paz”, renovó la polémica y generó respuestas tanto del Grupo de Curas en la Opción por los Pobres como del grupo Cristianos para el Tercer Milenio. La polémica empezó con otra carta, escrita por este último grupo, formado por 300 laicos, que pide investigar la participación de miembros de la institución en la dictadura, luego de declaraciones realizadas por el ex dictador Jorge Rafael Videla, en las que dijo que la Iglesia consintió las violaciones a los derechos humanos.
“No podemos ni queremos eludir la responsabilidad de avanzar en el conocimiento de esa verdad dolorosa y comprometedora para todos”, señalaron desde el CEA en la carta, al tiempo que afirman sentirse “comprometidos a promover un estudio más completo de esos acontecimientos, a fin de seguir buscando la verdad, en la certeza de que ella nos hará libres”. En ese comunicado, el Episcopado pidió a “quienes tengan datos sobre el paradero de niños robados, o conozcan lugares de sepultura clandestina, que se reconozcan moralmente obligados a acudir a las autoridades pertinentes”.
“Conocemos los sufrimientos y reclamos de la Iglesia por tantos desaparecidos, torturados, ejecutados sin juicio, niños quitados a sus madres, a causa del terrorismo de Estado. Como también sabemos de la muerte y desolación causadas por la violencia guerrillera”, agregaron, adhiriendo a la llamada teoría de los dos demonios.
La misiva despertó varias respuestas. En un documento firmado por Juan Carlos Baigorri, Marcelo Ciaramella, Roberto Murall y Eduardo de la Serna, todos miembros del secretariado de Curas en la Opción por los Pobres, señalaron que “no se entiende el tibio y limitado pedido de perdón de 2000 si realmente creen que hicieron todo lo debido y necesario. No se entiende el silencio de los nombres de nuestros mártires desaparecidos, asesinados o torturados, como el obispo Enrique Angelelli, Carlos de Dios Murias, Gabriel Longueville, Carlos Bustos, Pablo Gazzarri, Mauricio Silva, Orlando Yorio, Francisco Jálics, Wenceslao Pedernera, Alice Domon, Léonie Duquet, y tantos otros, si el supuesto pedido de perdón se pretende serio y responsable”. (Ver aparte.)
El ex embajador argentino en Uruguay, Hernán Patiño Mayer, es uno de los miembros más activos de Cristianos para el Tercer Milenio. En el comunicado que habían difundido a la prensa, desde ese grupo pedían a la Iglesia que “hagan cesar el público pecado de escándalo que se configura hoy, cuando un criminal convicto y confeso de delitos de lesa humanidad, sin arrepentirse ni manifestar voluntad alguna de reparación de las atrocidades cometidas, tiene acceso al sacramento de la Eucaristía”, en alusión a Videla.
También señalan que “no sólo exhorten, sino que exijan a los capellanes militares y de las fuerzas de seguridad, sacerdotes, religiosos, religiosas y cristianos en general que brinden toda la información que tengan sobre los menores secuestrados, o sobre el destino de los desaparecidos”.
Luego de la respuesta de la CEA, el grupo coordinado por Mayer y otras personalidades emitió un nuevo comunicado en el que señalan cuatro puntos fundamentales:
“Somos conscientes”, dicen en el primer punto, “de que la Carta –aunque no lo diga expresamente– es una forma de reconocer la validez de las cuestiones planteadas en nuestro Documento. Rescatamos también la claridad con que afirma que es necesario poner empeño en la búsqueda de la verdad. Valoramos ambos aspectos como señales que posibilitarían un diálogo que consideramos urgente y necesario”.
En segundo lugar, señalan que ese propósito “aparece empañado por una serie de ambigüedades y omisiones”. Quizá por ser fruto de una prolongada discusión, la Carta parece privilegiar la “unidad formal e institucional por encima de la fidelidad a la palabra y la vocación profética. Esto no es nuevo, pero en otros tiempos hubo pastores que expresaron públicamente sus disidencias y actuaron en consecuencia, constituyéndose en faro de esperanza para el Pueblo de Dios. Nuestro agradecido recuerdo a los obispos Angelelli, Ponce de León, Novak, De Nevares, Hesayne y otros. Confiamos en que lo mismo vuelva a ocurrir en las actuales circunstancias”.
En tercer lugar, vuelven a pedir tres medidas que consideran fundamentales:
–Hacer cesar “el público pecado de escándalo que se configura hoy, cuando un criminal convicto y confeso de delitos de lesa humanidad, sin arrepentirse ni manifestar voluntad alguna de reparación de las atrocidades cometidas, tiene acceso al sacramento de la Eucaristía”.
–Que no sólo “exhorten sino que exijan a los capellanes militares y de las fuerzas de seguridad, sacerdotes, religiosos, religiosas y cristianos en general que brinden toda la información que tengan sobre los menores secuestrados, o sobre el destino de los desaparecidos. Ayudarán así a poner fin a la tortura moral de las abuelas o, al menos, a devolver a las familias la mínima paz del destino conocido”.
–Que se abran “los archivos de la Conferencia Episcopal (Asamblea Plenaria, Comisión Permanente, Comisión Ejecutiva) Obispado Castrense y Capellanías de las FF.SS., a quienes quieran investigar”.
Por último, y luego de agradecer la solidaridad de los curas en opción por los pobres, el comunicado plantea que, como como parte de la búsqueda de “verdad, reconocimiento, arrepentimiento y reparación a la que felizmente se comprometieron”, los obispos puedan “dar pronta respuesta a estos reclamos y hagan cesar situaciones escandalosas que confunden y debilitan al pueblo peregrino del que formamos parte”.
Documento
“Una respuesta pobre e insuficiente”
Las declaraciones del genocida Videla”, dice el documento del Grupo de Curas en la Opción por los Pobres, “fueron bastante más allá del reconocimiento de una connivencia entre la conducción facciosa del Estado y la cúpula eclesiástica. Connivencia que no rechazaríamos tan livianamente como afirma mons. Arancedo, pero que supone muchas otras instancias que no son tenidas en cuenta en el documento”. Allí están, dijeron desde su página web, “los discursos de mons. Bonamín, mons. Plaza, mons. Tortolo (presidente de la CEA, elegido por sus ‘hermanos’, por si hiciera falta recordarlo), por nombrar sólo los más emblemáticos. Aunque la lista podría fácilmente prolongarse en bastantes nombres más”.
Además de calificar de “pobre” e “insuficiente” la respuesta de la CEA, los curas dicen que “debemos confesar que nos escandaliza que ante la sociedad parezca que usar preservativo sea más grave que la tortura; que el sexo prematrimonial sea más grave que violar mujeres detenidas-desaparecidas; que engendrar hijos fuera del sacramento del matrimonio sea más grave que apropiarse de niños después de tirar al mar a sus padres; que la homosexualidad es una enfermedad perversa y más grave que ser un torturador o presenciar con sadismo y complicidad sesiones de tortura; que el aborto de una mujer angustiada en su situación de embarazo no deseado o provocado sea tenido por genocidio y como algo mucho más grave que arrojar personas vivas al mar, atadas, dopadas y secuestradas”.

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