El Nuevo Presidencialismo y la Deuda Histórica del Movimiento Progresista

Ponencia presentada el 17 de diciembre en la Ciudad de Puebla.

Por:

Eder Guevara
@EderGuevaraM

El pasado sábado primero de diciembre quedará en la memoria del México profundo (porque la historia oficial seguro será otra), como un día en el que las máscaras cayeron, se dejó ver ese PRI represor, en contra siempre de las juventudes, del estudiantado y de la verdadera oposición, esa a la que no puede comprar, a la que no puede asustar; y por otro lado, el PRI cínico que copta y corrompe, que crea escenarios favorables para enviar un mensaje mediático de unidad y tranquilidad.

En primer plano, los medios de comunicación mandaron imágenes de un proceso de cambio de banda presidencial ordenado, con una oposición “moderada y responsable” y sólo un “puñado de resentidos” avanzando en otra dirección. Imagen que se fortalece al dia siguiente con la firma del llamado “Pacto por México”, que en realidad es un acuerdo cupular, entre fuerzas de la ultra derecha y de la derecha del PRD, encabezados por Jesús Zambrano, con el nuevo ejecutivo federal, con la intención de fincar las condiciones para la aprobación inmediata y sin mayor conflicto de las reformas que buscan profundizar el proyecto neoliberal en México; empezaron ya con la aprobación de la reforma educativa que plantea la regulacion constitucional de cuotas escolares, un programa para construir escuelas a granel sin revisar a fondo los contenidos de los programas de estudio y el establecimiento formal de un mecanismo de evaluación que es totalmente inequitativo toda vez que pretende calificar a rajatabla el desempeño de la planta de maestros, sin medir las condiciones económicas que en el fondo son las que determinan el aprovechamiento escolar, lo cual provocará que las escuelas de las regiones con mejores condiciones económicas, acaparen la mayor parte de los incentivos, mientras que las escuelas ubicadas en zonas de alta marginación quedarán aún más relegadas.

Este pacto no es por México, de entrada porque no se consultó a la sociedad civil y al resto de las fuerzas políticas, cual sería el carácter de dicho acuerdo, no conocemos los detalles ni la letra pequeña, sólo se nos muestra un producto acabado que llega a las cámaras y es aprobado sin debate y sin el reconocimiento de quienes de verdad y desde la calle y en menor medida desde las tribunas, se plantan como oposición no sólo al régimen priísta que ha vuelto, sino al neoliberalismo en su conjunto. Este Pacto fue la oportunidad para que un puñado de políticos corruptos, que han llegado a los espacios de poder, con el voto de quienes creemos en un proyecto progresista, pudiesen negociar y dar la espalda a las necesidades de la población. Grupúsculo que lejos de presentarse como una opción responsable (tal cual se asumen en sus discursos), se entrega incondicionalmente al poder para coadyuvar no a la gobernanza del país, sino al mayoriteo que beneficiará a unos cuantos.

En ese afán negociador y embustero, Peña Nieto da a conocer el presupuesto asignado a las universidades del país y a la Secretaria de Desarrollo Social, que será el presupuesto más grande asignado hacia dichas instituciones en la historia, pero no dice el mecanismo a través del cual lograrán cubrir dicho compromiso sin endeudar a la Nación, en el afán de arrebatar reivindicaciones del movimiento progresista, el PRI pretende atender algunas de nuestras causas sin explicar los mecanismos, por ejemplo el presupuesto asignado a la política social en la propuesta del Proyecto Alternativo de Nación, tiene dos grandes ejes rectores: la recaudación fiscal y la austeridad republicana. Antes de asignar mayores presupuestos, o de implementar programas como el de becar a las mas de 7 millones ddepresiones jóvenes que no tenían acceso a educación ni empleo; Andrés Manuel se bajaría y le bajaría a los funcionarios de primer nivel el salario al 50%, Peña no ha planteado como cubrirá con los presupuestos que ha presentado.

Otro elemento que debe llamar nuestra atención es la reducción significativa de crímenes y enfrentamientos entre los grupos del narcotráfico desde el primero de diciembre, reducción inexplicable si no ha existido un cambio real en las estrategias de combate a estos grupos, y lo único que nos deja ver es como el PRI ha salido a operar para pactar con dichos grupos.

Este es el panorama que nos permite hablar de una nueva etapa del viejo régimen presidencialista del PRI, hoy podrá no ser Peña quien de la última palabra, pero sí lo es ese poder que ha vuelto a través de dicho personaje a la silla presidencial y que instruye, corrompe, consensa con grupos y a la vez aplasta a quien levanta la voz.

El fracaso del Movimiento Progresista.

Mientras eso ocurre con la cúpula en el poder, hemos presenciado el que estoy seguro será un error histórico del movimiento progresista o la izquierda electoral en México: no obstante el resultado, la elección de julio del año que se acaba, arroja buenas noticias, la mejor es la multitudinaria presencia de las juventudes, el sector más grande del país y que hasta este momento había sido estigmatizado como apático, por la visión gerontocrática que impera en México. Este sector sale a las calles con un ánimo muy similar al del movimiento de “Indignados” que ha sacudido al mundo durante los últimos dos años, pero con la particularidad de que en el país ocurre en el marco de un proceso electoral y con dos consignas muy claras: son un movimiento anti neoliberal y anti PRI. Esto tiene un significado muy hondo en la lucha por la transformación del país, porque es la muestra de que las nuevas generaciones tienen memoria histórica y saben lo que implica el priismo. El reto entonces para el movimiento progresista una vez acabada la campaña, era implementar estrategias para fortalecer su presencia, ante las juventudes y mostrarse como la opción viable de transformación de México, lejos de ello y callendo en la trampa de los provocadores en la manifestación del primero de diciembre, avalan desde la Jefatura de Gobierno del DF, nuestro principal bastión, que la policía salga no a contener posibles disturbios sino a reprimir la manifestació pacífica y a cometer actos de abuso de poder. ¿Con qué cara saldrán los responsables de este acto a pedir el voto de las juventudes en los próximos procesos cuando no sólo permitieron que este acto sucediera, sino que avalaron con su silencio que hasta el día de hoy tiene a 14 personas presas sin que exista prueba de que estuvieran involucradas en acto alguno de violencia?

Debemos decir además, que efectivamente hubo provocadores el primero de diciembre, los primeros fueron los provocadores de Felipe Calderón que sitiaron todas las colonias aledañas a la Cámara de Diputados, como sitió con su irresponsable estrategia de militarización, una gran parte del país; el otro grupo de provocadores los vemos en los medios de comunicación, que cual perros rabiosos, pedían inmediata represión a esa minoría que salió a las calles a manifestar el repudio de millones en contra del personaje al que la oligarquía impuso; y otro grupo de provocadores que instruidos por la propia policía federal, al más puro estilo priísta de los años sesenta y setenta, se infiltró en la manifestación y quebrantó el equilibrio de la misma.

Pero también hay que decirlo, hubo en esta ocasión, más jóvenes dispuestas/os a responder a la agresión policiaca pero sobre todo a la violencia sistémica, de manera violenta, no ver esa realidad es cegarnos frente a un fenómeno que obedece al desencanto por la política, porque con la imposición de Peña en realidad se anuncia la negación de la política para la transformación del país, y se vuelve a hacer manifiesta la postura de la oligarquía de que habrá sucesión presidencial, siempre que quien la encabece no mueva ni una coma del proyecto neoliberal. Más allá de que yo soy un convencido de que la vía correcta para la transformación del país es la pacífica de largo plazo, que implica trabajar a pie tierra con la gente en procesos de reeducación colectiva y de construcción de la contra hegemonía cultural, creo que no tengo el monopolio de la razón y respeto todas las formas de lucha, pero hay que tener la claridad de que todas ellas tienen distintas implicaciones.

La represión y criminalización de las juventudes y de la protesta, es un acto natural en la derecha, pero en la izquierda no sólo no podemos avalar ni quedarnos calladas/os, sino que debemos exigir a quienes llegaron a los cargos gracias a nuestros esfuerzos, que hagan justicia, liberen a cualquier persona presa por su actividad política y castiguen a los culpables por el abuso del poder.

El Distrito Federal, nuestro principal bastión, termina un sexenio de grandes contradicciones, por un lado se afianza como la demarcación con más oportunidades para el desarrollo, con una visión más amplia en torno a los derechos de sectores como el LGBT o las mujeres, pero también acaba con una deuda pendiente con las juventudes, con políticas pública limitadas para el sector, el crimen ocurrido en el “antro” News Divine que sigue impune, la pésima administración de la UACM y la incapacidad de las autoridades de resolver el conflicto, y con la enorme carga de la represión del primero de diciembre. Las juventudes no son el receptáculo de políticas asistencialistas, son un activo estratégico para el desarrollo nacional, y mientras no se entienda eso, el movimiento progresista estará muy lejos del sector.

Frente a este conflicto ¿qué escenario tenemos quienes desde una perspectiva de izquierda, queremos cambiar las condiciones de vida de la población por la vía democrática? De entrada es nuestra obligación estar del lado del movimiento popular, respaldar todo acto a favor de las/os presas/os de conciencia, exigir desde cualquier tribuna posible su liberación inmediata y el esclarecimiento de los hechos. Tenemos además la tarea pendiente de impulsar la ley federal de las juventudes y desde los gobiernos emanados de la izquierda, promover y construir programas de gobierno transversales que garanticen el pleno desarrollo de dicho sector. Rebasar la visión de que a las juventudes solo hay que ofreceles conciertos y becas a las/os más disciplinadas/os es una perspectiva muy corta, y sin embargo parece que en lo inmediato no va a cambiar.

Transigir con la corrupción, el nepotismo, el engaño y el abuso de poder, no es una opción valida para el movimiento progresista, quien cae en la trampa de dejarse seducir por las migajas del poder, está traicionando la causa y debe ser denunciado.

Hoy, en este momento que pareciera de total oscuridad y desolación, es tiempo de buscar avanzar en las coincidencias y no permitir que el desánimo se apodere de quienes nos mantenemos en pie de lucha.

Nadie dijo nunca, que el camino por la transformación sería sencillo, pero que nadie jamás se atreva a decir que es imposible.

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